lunes, 14 de julio de 2014

TIEMPO DE REFLEXIÓN


Un famoso autor fue invitado una vez por un renombrado cirujano a contemplar una difícil operación que iba a realizar. Mientras el ciru­jano llevaba a cabo los preparativos necesarios para la operación, parecía confiado, pero un poco nervioso. Luego, emprendiendo el camino hacia el quirófano, se detuvo un momento e inclinó la cabe­za (mientras rezaba en su interior). Más tarde, durante la operación, sus manos se veían sin nervios... se veían tranquilas...
Mucho tiempo después, el autor expresó su sorpresa de que un cirujano rezase. Dijo: "Yo creía que un cirujano confiaba en su propia capacidad"
“¿Un cirujano es solamente un hombre? -fue la contestación del médico-. ¡No puede hacer milagros por sí mismo! Estoy seguro que la ciencia no podía haber avanzado tanto, si no fuera por algo más fuerte que el solo hombre".
Y después terminó el cirujano diciendo: "¡Me siento tan cerca de Dios cuando estoy operando, que no sé dónde cesa mi habilidad y comienza la suya!".
¡Un espíritu de verdadera humildad es indispensable para evitar las trampas del orgullo y de la soberbia!

Pro 11:2  Con el orgullo viene el oprobio; 
 con la humildad,  la sabiduría.

El orgullo proviene de la mente del hombre, una mente que está llena de conocimiento normalmente se envanece porque cree que con ese conocimiento puede enfrentar cualquier circunstancia, pero cuando los enfrenta se da cuenta de su incompetencia. Quien cree que sabe, en realidad esta envanecido por su percepción de las cosas, por eso quien llega a entender puede empezar a reconocer su ignorancia y es allí en donde empieza la humildad, cuando podemos reconocer la falta de entendimiento sobre la verdad. La historia de hoy nos recuerda la historia de miles de seres humanos que no confían en sus propias capacidades sino que las entregan y confían al servicio de Dios, para actuar con sabiduría guiados de la mano de Dios, son muchos los médicos, ingenieros, maestros, y siervos de Dios que han renunciado a la autoconfianza para servir confiados en el amor de Dios. El proverbio que nos atañe hoy es maravilloso, pues nos muestra las consecuencias del camino que el hombre decide elegir, cuando elegimos el orgullo, la vanidad, el pecado, su único resultado será el oprobio, la vergüenza, la degradación de nuestro ser que confinado por el alma y el ego, persistirá en su infame destrucción. Mientras que aquellos que guiados por Dios reconocen su ignorancia y aprenden a confiar en Dios, siempre irán de la mano de la sabiduría que consiste en poner por obra la guía de Dios.
GUIA DE ESTUDIO
Eres orgulloso?
Sabes lo que piensa tu familia sobre ti en este aspecto?
Actúas con humildad reconociendo que no tienes el control de todo?

Has permitido que tus títulos, posesiones y demás cosas te envanezcan con orgullo?

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