domingo, 10 de febrero de 2019

PREDICA DOMINICAL - PERDONANDO A DIOS



PERDONANDO A DIOS

Col_3:13 de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro.  Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes.

INTRODUCCION

Antes de que puedas tacharme de hereje, anticristo o cualquier otro adjetivo denigrante, sé que estas aquí por algo. Puede que no comprender el título de mi predica, pero se enfoca en Dios el gran Señor y perdonador.
Pero hay muchos creyentes que por alguna situación contraria en sus vidas pueden haber creído que Dios los abandono, que los dejo, que no los cuido, que no respondió a esa oración, que no tuvo cuidado de él, ella, de nuestros padres, los hijos o aun aquellos fetos en formación que se pierden en un aborto (no inducido). Todos de alguna forma hemos culpado a Dios en algún momento de nuestras vidas por el sufrimiento, la traición, el dolor, o cualquier cosa que creyéramos que Dios estaba en control. No sé si te identificas conmigo, pero sé que muchos sí.
Siempre que pasa algo negativo en nuestras vidas buscamos un culpable, y como creyentes el primero a quien culpamos de nuestras desgracias es a Dios, diciéndole: Cómo pudiste, era lo que más amaba, no le pude decir que le amaba, no le pude tener en mis brazos, no le pude conocer, porque lo permitiste, y tantas frases que se nos ocurren en esos momentos.
¿Puede que pienses que es malo decirle eso a Dios, pero si lo pensamos bien, no fue eso lo que le paso a Job?, y aunque creo que su obrar no se parece en nada a nosotros, siempre encuentro consuelo en este relato bíblico, pues encuentro allí la soberanía de Dios sobre el hombre y su creación, pero también encuentro el amor y la paciencia con la que él nos entiende y procura siempre lo mejor para nosotros, aunque no lo comprendamos en el momento.
DESARROLLO
Se preguntaran entonces de que viene el título, no sé ustedes pero en algunos momentos siento que Dios me fallo, que me avergonzó, que me hizo todo aquello que me paso, y aunque entiendo que él puede hacerlo por quien es, no deja de doler, como aquel niño, joven o adulto que culpa a Dios por la pérdida de su ser querido, como la pareja que culpa a Dios de que su pareja le abandonara, como aquel servidor que se siente traicionado por Dios cuando le critican o le juzgan injustamente, aquel que lo perdió todo pensando que seguía la voz de Dios, aquel que se casó pensando que jamás se separaría, aquel que fue abusado y piensa porque Dios lo permitió y muchos casos más, en donde sentimos que Dios nos falló. Yo lo he sentido y probablemente tú también, así que quiero llevarte a reconocer que necesitas perdonar a Dios, PERDONAR A DIOS???, como es esto posible, pues puede que para Dios no sea necesario que le perdonemos o que nos pida perdón, pero lo más seguro es que si sea necesario para nuestro corazón perdonar, porque aunque no comprendemos los planes de Dios y estos sean más elevados que los nuestros, nosotros tendemos a pensar en lo terrenal mientras el piensa en lo eterno, puede que lo que nos hizo sufrir aquí sea una oportunidad de mayor gloria en la eternidad, pero eso no lo vemos ahora, ahora solo vemos el dolor, la tristeza, la depresión, la vergüenza y hasta el suicidio.
La escritura dice:
Luk_6:37   "No juzguen, y no se les juzgará.  No condenen, y no se les condenará.  Perdonen, y se les perdonará.
Así que siguiendo la ordenanza perdonemos aun a Dios, porque, aunque no comprendemos sus planes, él nos ama y nos lo demuestra siempre, aunque en el dolor difícilmente podemos verlo.
También recuerdo una escritura que me lleva a entender el sufrimiento:
2Co_1:6 Si sufrimos, es para que ustedes tengan consuelo y salvación; y si somos consolados, es para que ustedes tengan el consuelo que los ayude a soportar con paciencia los mismos sufrimientos que nosotros padecemos.
2Co 4:17 Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento.
2Co 4:18 Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno.

Además, con ello estamos cumpliendo también con las escrituras que nos recomiendan perdonarnos si tenemos alguna queja contra el otro, que en este caso sería Dios, miremos:
Col_3:13 de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro.  Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes.

 Acabo de pasar una de las más duras pruebas de mi vida, y a pesar del dolor, la tristeza y lea frustración que he llegado a sentir, no he podido reclamarle nada a Dios, aunque antes si lo hice, porque comprender su soberanía nos ayuda a aceptar y pasar por el dolor con mayor rapidez, en vez de quedarnos buscando las respuestas, pasamos a continuar nuestras vidas, haciendo de ellas la mejor muestra del amor y la compasión de Dios.
Es probable que tuviera motivos para renegar de Dios, para criticarle, para levantarme y decirle unas cuantas cosas, pero no puedo, porque sé que él es bueno, aunque en el dolor y la aceptación de mi duelo a veces me siento consternado, pero siempre encuentro en su amor un refugio a mi dolor.
Como humanos sufrimos constantemente, por eso solo puedo pedirte que trates a los demás como quisieras que te trataran a ti, si no quisieras ser molestado, entonces no molestes a quien sufre; si no quisieras palabras sin sentido, entonces no las digas; si quisieras solo un abrazo, entonces dalo. No todos expresamos nuestro dolor, algunos solo lo esconden pretendiendo que no está, pero se engañan, hay que expresarlo.
Cuando oraba en medio de mi dolor sentía que el Señor respondía a mi oración diciéndome: Me culpas de lo sucedido y te cuesta perdonarme aun cuando lo que hago es por tu bien y no lo entiendes, cuantas veces me has fallado tú, no te imaginas el peso que eso me quito de encima, pues reconocí que definitivamente Dios no me ha fallado nunca y que él me perdono, aunque no lo merecía. Estoy seguro que es más lo que Dios tiene que perdonarnos a nosotros, que nosotros a él, pero es un buen ejercicio de sanidad para nuestro adolorido corazón, probablemente luego entenderemos el propósito del sufrimiento y si no lo entendemos aquí, lo entenderemos en la eternidad.

CONCLUSION

No sé porque estés pasando ahora, pero puede que estés culpando a Dios por ello, y aunque entendemos por la palabra que definitivamente lo permitió, eso no lo convierte en el culpable de nuestra infelicidad pues debemos comprender que en este mundo sufriremos por una o varias razones, pero el sufrimiento debe ser una oportunidad para enseñarnos, a despegarnos de aquellos que decimos amar, o para aprender a amarlos, o para reconocer la soberanía de Dios, o para aprender a aceptar la voluntad de Dios. Ahora cuando sufro me pregunto, que quieres enseñarme Señor, son las mejores y más grandes lecciones, y de donde he sacado mis mejores sermones, miss más lindas canciones, o de donde pueden surgir lo mejor o lo peor de nosotros, pero eso solo depende de nosotros. Tú decides que quieres.
Yo te invito a observar tu sufrimiento, a volver a su palabra en donde de seguro hallaras una respuesta a tu sufrimiento y a su iglesia que no siempre es un edificio, sino a aquellas personas que son la iglesia viva que ayuda al que sufre y le conforta con un abrazo, porque un simple abrazo puede ayudar a curar el corazón.
También quiero que entiendas que más allá del sufrimiento hay un lugar de gracia, perdón y libertad en el que podemos aprender a confiar en Dios y entregarnos confiadamente con fe, esperanza y amor.

Oremos, Señor te perdonamos cuando quieres transformarnos, porque aunque sabemos que duele siempre será para nuestro bien, te perdonamos cuando nos sentimos abandonados, derrotados o caídos porque aunque creímos que fuiste el culpable, todo esto nos ha enseñado a depender más de ti y a aceptar tu voluntad, y aunque sabemos que no necesitas eso, nuestros corazones necesitan por medio del perdón liberar la carga que llevan, ayúdanos a ver en tus ojos nuestro sufrimiento para comprender que tienes algo mejor para nuestra vida eterna contigo, amen.

Por: Camilo Sastoque
Ministerio Unidad de la Fe


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