lunes, 27 de mayo de 2013

TIEMPO DE REFLEXIÓN



"Hace muchos años, cuando trabajaba como voluntario en un Hospital de Stanford, conocí a una niñita llamada Liz, ellá sufría de una extraña enfermedad. Su única oportunidad de recuperarse era una transfusión de sangre de su hermano de cinco años, quien había sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado anticuerpos necesarios para combatir la enfermedad. El doctor explicó la situación al hermano de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a dar su sangre para su hermana. Yo lo vi dudar por sólo un momento antes de tomar un gran suspiro y decir: 'Sí; yo lo haré, si eso salva a Liz'. Mientras la transfusión continuaba, él estaba acostado en una cama al lado de la de su hermana Y sonriente mientras nosotros lo asistíamos a él y a su hermana, viendo retornar el color a las mejillas de la niña.
Entonces la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció.
Él miró al doctor y le preguntó con voz temblorosa: "¿A qué hora empezaré a morirme?".
Siendo sólo un niño, no había comprendido al doctor; él pensaba que le daría toda su sangre a su hermana, Y aun así estuvo dispuesto a dársela".
Da todo por quien amas; y cuida a tu familia.
1Jn 3:16  En esto conocemos lo que es el amor:  en que Jesucristo entregó su vida por nosotros.  Así también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos.
Dar algo es fácil siempre y cuando no nos cueste nada o nos sobre, pero cuando esto que tenemos que dar es todo para nosotros, estamos dispuestos a entregarlo, cosas como nuestra vida, familia, y posesiones toman un lugar evidentemente diferente en nuestros corazones pues reconocemos el apego que tenemos por ellas, pero si no podemos entregarlas reconociendo que no son nuestras tan solo nos han sido prestadas para administrarlas de la mejor manera, pues Dios confía en nosotros estas bellas y especiales cosas.

Estas dispuesto a darlo todo?, Jesús decía que para entrar en el reino debíamos ser como niños, y esto me sorprende porque conozco algunos niños que no han sido criados con egoísmo y son capaces de restar sus juguetes, de hacer felices a otros, o hacer sentir su amor sin palabras, que podamos ser como el niño de esta historia, dispuestos siempre a darlo todo por nuestros hermanos en Cristo.

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